Portada de La ciudad que soñaba con el mar

La ciudad que soñaba con el mar

La verdad puede destruirlo todo

Toledo, siglo XIII. Nadir encuentra un pergamino que pone en duda su nombre y toda la vida que creía conocer. Para descubrir la verdad deberá seguir las huellas de un manuscrito prohibido desde Toledo hasta Fez antes de que sus perseguidores consigan destruirlo.

Toledo medievalManuscrito prohibidoIdentidadAventura histórica

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Por qué escribí esta novela.

La escribí porque me atraía la idea de contar una historia medieval desde las personas, no solo desde los grandes acontecimientos: cómo vivían, qué temían y qué estaban dispuestas a arriesgar por aquello en lo que creían. Quería hablar también de los libros, del conocimiento que viaja y sobrevive, y de esa búsqueda de un lugar propio que, aunque hayan pasado siglos, sigue siendo muy nuestra.

Mónica Ruzafa
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Toledo, siglo XIII.

La búsqueda comienza entre pergaminos y tinta, en el taller de un encuadernador. Desde Toledo hasta Fez, el viaje de Nadir une ciudades y secretos que pondrán a prueba todo lo que creía conocer.

Las manos manchadas de tinta

Un fragmento del capítulo 1

El día que enterraron a su padre, Nadir descubrió que los muertos pesan menos que sus secretos.

La lluvia había empezado antes del amanecer, una lluvia fina, gris, casi humilde, que caía sobre Toledo como si el cielo no quisiera molestar demasiado a los vivos. Las calles olían a barro, a lana mojada y a humo pobre. Desde la puerta de la casa, Nadir vio pasar a los vecinos con la cabeza baja, algunos por pena, otros por costumbre, otros porque siempre se camina así cuando uno no sabe qué decir.

Su padre había muerto con las manos manchadas de tinta.

Aquello fue lo primero que Nadir pensó al verlo tendido sobre la mesa larga del taller. No pensó en Dios. No pensó en el paraíso. No pensó en las palabras solemnes que los hombres buscan cuando la muerte entra en una casa. Pensó en sus dedos. En las uñas oscurecidas. En aquella pequeña cicatriz que tenía junto al pulgar, hecha años atrás con un cuchillo de encuadernar. Pensó que esas manos habían copiado más vidas de las que habían vivido.

—No llores todavía —le había dicho su madre, sin mirarlo.

Y Nadir no lloró.

Obedecer era una forma antigua de amor.

Durante toda la mañana entraron hombres en la casa. Un alfaquí de barba blanca. Dos comerciantes judíos que hablaban poco y observaban mucho. Un fraile del convento de San Román que se quedó en el umbral, como si no supiera si tenía derecho a cruzarlo. Mujeres cubiertas con velos oscuros. Aprendices de escribano. Un muchacho cojo que Nadir no conocía y que dejó sobre la mesa una naranja seca, pequeña, casi negra, como ofrenda inútil.

· · ·

La historia de Nadir acaba de empezar.

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Kindle · Tapa blanda
Extensión
235 páginas
Publicación
9 de julio de 2026
Idioma
Español